
ASTROMAN-X
EL GALERON - PANICO DE MASAS
LOS AVENGERS FANZINE

Jack para nosotros sus amigos.
Palabras del redactor:
“he seguido atentamente la carrera de estos muchachos, a veces me recuerdan un poco a mi mismo, en otras ocasiones me resultan incomprensibles. Yo conocí México, hace mucho, mucho tiempo, y entonces solo había putas y dealers, nadie más que valiera la pena en aquel entorno. Estaba mi buen amigo Old Bill pero él no cuenta. De hecho él me contó que fue su editor en el primero número, me dijo que lo trataron con mucho cariño; así que me dije, ¿por qué no? Si yo a México le debo tanto, y estos chavales tienen mucha onda. Este es el fanzine que me hubiese gustado tener a la mano cuándo era guardabosques, ó en aquellos viajes en barco. Me dicen que yo he sido una gran influencia, me honran, porque lo que hacen ustedes, es de gente grande. Tengan paciencia señores, quizá algún día les dediquen tantos espacios como a mí, pero ya de mientras, tienen un espacio, en mi corazón.
Saludos de toda la banda, philip lamantia, old bill burroughs, neal cassady, Gregory corso, diane di prima, por acá todos nos acordamos mucho de ustedes. Salud mis amigos y recuerden, para escribir una gran novela, hay que tener un gran whisky a la mano. Cheers”.


















EL OLOR HABIA VUELTO
El tiempo me sepulta, ha pisado nostalgias que prometían amores, se amalgaman espíritus, genitales gonorreicos se besan tras el coito.
El desamor agridulce retorna, engaño, imbecilidad, frigidez, añoranzas persisten.
He roto el silencio, el llanto se instala en las tripas, surcos alardean victoria, y yo sigo muerta.
Los días como ranas brincan lirios, minutos flotan en el aire, los croacs me aturden, me llevan a la locura, esa que se disfruta en soledad.
Sigo muerta y en huida me pierdo, muerta y en penar llamo a los anfibios.
Cáscaras cítricas se duermen en mi regazo, se queman, me funden en dolor, muerta, sigo muerta. He muerto seis veces en este día y no encuentro la manera de acallarme, de perderme de vista aunque sea un momento.
El olor había vuelto. Carolina se desmoronaba en cada respiración. Contempló la calle, bebía un tinto avinagrado y fumaba un Montana casi mojado.
Le parecía absurdo el retorno de ese olor, hacía 1 mes que Juan aparecía en su vida, y desde entonces los recuerdos, olores y tactos se veían desaparecer. Pero el olor aumentaba y Carolina entraba en un estado de asco y desesperación. Juan llegaría en cualquier momento y ella seguía desnuda junto a la ventana, sintiendo como el olor penetraba de nuevo entre sus piernas. La voz de Janis Joplin erizaba sus pezones, el recuerdo la atacaba, convulsiones arítmicas la embestían, voces, gritos, rostros, sombras, persecuciones.
Buscó en el cajón la hoja donde amontonaba la hierba, tenía un color mortífero, como si la piel verdosa estuviera podrida y enclaustrada en el papel. Sacó la pipa que tenía grabado su nombre y la llenó del material pastoso, fueron tres las veces que el humo se vació en su interior. El timbre sonó y justo cuando giró la perilla sintió su desnudez. Estaba en la puerta el hombre que amaba sin conocerlo, que llenaba de ansia y deseo su ser, y que no conocía...ni siquiera por foto.
La sorpresa de verla desnuda, provocó en él una leve sonrisa, apenas perceptible. Carolina dijo un –ya te esperaba- inerme.
El abrazo les cortó por instantes el aliento, Juan hablaba de su viaje y de las muchas personas que viajaban en autobús, mientras le observaba los pezones erizados a su compañera. De manera natural Carolina encendió un cigarro, ni siquiera le preguntó si le molestaba. Juan tosía y sus gestos denotaban enojo, malestar. La radio aún sonaba con la voz de Joplin, la calle en silencio parecía escuchar la charla sin sentido, que ahora habitaba en el departamento 6 de una calle de la ciudad. El olor la golpeó de nuevo, la angustia se veía entre las pupilas dilatadas...el olor se mezclaba entre los muebles, entre el tiempo. Las manos de Juan la acariciaban, pero el protervo olor no cesaba.
Líquido blanco brotaba de su sexo, Carolina en el suelo jugaba al amor, las carcajadas penetraban los sentidos de él, iracundo la buscaba en el mosaico, le hablaba del ahora, del aquí, de los dos. Carolina se perdía en su agonía, buscaba un cuerpo, una mano. Un padrenuestro se escuchaba a lo lejos, las paredes se ensanchaban, los colores transgredían el espacio, las voces revoloteaban.
El trance parecía interminable, Juan tomó el teléfono gris que estaba en la mesa de sala y llamó a una ambulancia.
El olor se difuminaba, Carolina repetía una y otra vez “down on me” de la Janis, mientras Juan se buscaba entre la memoria, el tinto le amargó el gaznate, mientras ella, yacía balsámica, estúpida, vomitada entre las sombras.
Rosminda Perlasca



